El tamaño de los sonidos

Los sonidos /i/ y /e/ se asocian con objetos más pequeños que los sonidos /o/ y /a/

Son los sonidos –y no exactamente las palabras– lo que tiene significado para nosotros. Esta relación entre el sonido y el significado se nos antoja arbitraria, pero quizá no lo sea tanto. Diversos experimentos han descubierto en las últimas décadas asociaciones claras entre las propiedades físicas de los sonidos de las palabras y sus referentes.  Tanto en niños como en adultos, se ha observado que diferentes sonidos vocálicos se asocian con objetos romos o puntiagudos, grandes o pequeños, quietos o en movimiento.

Así, se ha comprobado en diferentes lenguas que las vocales anteriores, como i  y e, se suelen usar en morfemas diminutivos, y que la mayoría de las vocales posteriores, como o y a se usan en morfemas aumentativos. Es decir, los sonidos /i/ y /e/ se asocian con objetos más pequeños que los sonidos /o/ y /a/.

Pero la gran pregunta es si esta asociación sonido-significado tiene alguna base cerebral innata o hay que aprenderla. Los niños no aprenden palabras sino sonidos que tienen que categorizar y asociar con un concepto. ¿Y qué asociaciones hacen los niños muy pequeños al escuchar diferentes sonidos vocálicos?

Un reciente estudio realizado con 28 niños de cuatro meses, hijos de hispanohablantes, se propuso comprobarlo con un ingenioso experimento doble, debidamente controlado. Los niños, sentados en el regazo de sus padres, escuchaban diferentes monosílabos que contenían los sonidos /i/ y /o/ en un caso, y /e/ o /a/ en el otro, al tiempo que se les presentaba en una pantalla una pareja de objetos abstractos (cuadrados, círculos, triángulos) idénticos en todo excepto en su tamaño, y se hacía un seguimiento de su mirada.

Los resultados de esta investigación, dirigida por la psicolingüista chilena Marcela Peña y publicado en Psychological Science, muestran que los niños dirigen significativamente más a menudo su mirada hacia los objetos grandes cuando las sílabas contienen /o/ y /a/, mientras que la dirigen más hacia los objetos pequeños cuando las sílabas escuchadas contienen /i/ o /e/. Asimismo, los niños mantienen más tiempo fija la mirada en los objetos grandes al escuchar /o/ y /a/, y en los objetos pequeños al escuchar /i/ o /e/.

Con sólo cuatro meses, los niños ya parecen capaces de asociar lo que oyen con la noción de tamaño. El trabajo no resuelve si estas asociaciones reflejan o no un conocimiento previo (innato  o aprendido en los cuatro meses de vida de los bebés), pero pasa por ser el primero que ha estudiado esta cuestión en niños tan pequeños y añade nuevos datos para iluminar el misterio del desarrollo del lenguaje.

Foto: semarr / Flickr

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Si-la-be-an-do

Todas las lenguas parecen igual de eficaces al contar una historia

¿Hablamos realmente más rápido los españoles que los alemanes o los ingleses? Un reciente estudio ha venido a confirmar este estereotipo tras calcular el valor medio de sílabas por segundo emitidas por hablantes nativos de siete lenguas (inglés, español, francés, alemán, italiano, chino mandarín y japonés) en la lectura de 20 textos breves (de cinco frases cada uno).

El estudio, publicado en el número de septiembre de 2011 de la revista Language, editada por la Linguistic Society of America, revela que hay una considerable variación en la velocidad a la que se hablan estos siete idiomas: los más rápidos resultaron ser el japonés y el español, a 7,84 y 7,82 sílabas por minuto, respectivamente, seguidos del francés (7, 18), el italiano (6,99), el inglés (6,19), el alemán (5,97) y el chino mandarín (5,18).

A pesar de esta diferente tasa silábica, los autores comprobaron que las lenguas que se hablan más rápido tienden a presentar menor densidad informativa, es decir, tienden a empacar menos cantidad de información en cada sílaba. Esta fuerte correlación negativa entre la tasa silábica y la densidad de información observada indicaría que en las lenguas existe una tendencia a regular la tasa de información, según François Pellegrino, investigador del Laboratoire Dynamique du Langage, de la Universidad de Lyon (Francia) y autor principal de este trabajo (A Cross-Language Perspective on Speech Information Rate).

Aunque los resultados de este estudio deben ser confirmados por investigaciones más amplias, parece que las diferentes lenguas, ya sean más rápidas o más lentas, resultan igualmente eficaces a la hora de contar una misma historia. Probablemente no podía ser de otro modo, porque la capacidad de procesamiento lingüístico del cerebro impone unas condiciones y unos límites. Gracias a ello funcionan sin mayores problemas la traducción simultánea y las versiones traducidas de una película.

Foto: ettestyle / Flickr