Fenómenos TOT

Sobre el desacoplamiento entre sonido y significado de una palabra

Sabemos por qué letra empieza o quizá cuántas sílabas tiene. Podemos incluso invocar otra palabra con un sonido o significado similar, pero la que buscamos se nos ha quedado atascada en la punta de la lengua y no acaba de salir. Esta frustrante situación, conocida en la bibliografía internacional como fenómeno TOT (tip-of-the-tongue), es relativamente habitual y se relaciona sobre todo con nombres propios y palabras que no se pronuncian habitualmente.

El candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos Rick Perry se quedó apeado de la carrera presidencial por un triste TOT en un debate televisivo. Estaba explicando ante las cámaras que cuando fuera presidente eliminaría tres agencias gubernamentales: la de comercio, la de educación, y la de… Y ahí se quedó. Lo intentó varias veces durante casi un minuto interminable pero fue incapaz de pronunciar la palabra que su cerebro pretendía recuperar: energía.

Aunque el fenómeno TOT ha sido estudiada durante medio siglo, no acaba de ser entendido completamente por la neurociencia. La investigación experimental indica que, a la hora de pronunciar una palabra, primero recuperamos o activamos su significado y luego recuperamos o activamos su sonido. Lo que ocurre cuando se nos queda encallada una palabra en la punta de la lengua es que tenemos el significado, pero nos falta su sonido. La teoría más plausible indica que esto ocurre porque otros sonidos bloquean el que queremos pronunciar.

¿Qué le pasó entonces al cerebro de Rick Perry? Lo más probable, según la psicolingüista Gail Mauner, es que el bloqueo inicial se agravara cuando su contrincante Mitt Romney le echó un cable sugiriéndole que esa tercera agencia podría ser la EPA (Environmental Protection Agency). Al pronunciar el sonido “EPA” y activar en la mente de Perry otros sonidos similares le resultó imposible llegar hasta el sonido de “energy” que andaba buscando.

Cuando una palabra no se pronuncia habitualmente, la conexión entre significado y sonido puede ser débil. Y como esa palabra o palabras apenas se usan, la conexión entre significado y sonido puede verse interferida fácilmente por la activación residual de sonidos que se han producido recientemente.

Los estudios realizados muestran que el fenómeno TOT ocurre a todas las edades pero es más frecuente en las personas mayores de 50 años que en los jóvenes. Y la única manera de prevenirlo es usar y usar el lenguaje, leer para incorporar palabras nuevas, poner en circulación las que conocemos y jugar con ellas. Por ejemplo, cuaicapeando con el Dr. Cuaicap.

Foto: Geekr / Flickr


Enjutas o spandrels

Sobre la aparición del lenguaje como un subproducto en la evolución

Abundan en palacios y edificios históricos, aunque muy pocos las llaman por su nombre. Enjuta o albanega es el nombre que recibe el espacio triangular que deja un arco inscrito en un rectángulo de pared, y que la Wikipedia define como la superficie delimitada por el extradós de un arco y el alfiz. Las pechinas son un tipo de enjuta tridimensional: cada uno de los cuatro triángulos curvilíneos que forman el anillo de la cúpula con los arcos sobre los que descansa. Basta ver una para saber lo que son y darse cuenta de que, a pesar de que resultan zonas muy apropiadas para colocar pinturas u otras ornamentaciones, son como espacios sobrantes o un resultado accidental de enmarcar un arco.

En inglés se llaman spandrel,  que es también un término arquitectónico o palabra culta con un uso muy restringido. El 21 de septiembre de 1979, el biólogo evolutivo y gran divulgador científico Stephen Jay Gould, junto con el genetista Richard Lewontin, publicó en la revista Proceedings of the Royal Society del Reino Unido un artículo que acabaría dando un nuevo sentido a las pechinas o enjutas y que llevaba un título metafórico: The spandrels of San Marco and the panglossian paradigm: a critique of the adaptationist programme (Las pechinas de San Marcos y el paradigma panglossiano: crítica del programa adaptacionista).

A partir de entonces, la palabra spandrel salió de los dominios de la arquitectura para adentrarse en los de la biología evolucionista y la genética. ¿Qué es un spandrel o una pechina en este nuevo contexto? Según Jay Gould, es un subproducto de la evolución y no una solución adaptativa que surge por selección natural como resultado de una mutación. Un ejemplo serían las plumas de las aves, que han resultado muy útiles para volar pero que debieron de surgir como respuesta adaptativa para conservar la temperatura corporal.

El lenguaje, según sostenía también el propio Jay Gould, sería un buen ejemplo de spandrel. Como una hermosa enjuta o albanega en la fachada de la especie humana, podría ser que el habla fuera un resultado azaroso, un accidente que a la postre ha resultado providencial para el hombre, pero que inicialmente fue el subproducto innecesario de un cerebro seleccionado por la evolución para menesteres más importantes, como es la pura supervivencia.

El lingüista Noam Chomsky ha ido uno de los que apoyó esta idea de que la capacidad del lenguaje no era una solución adaptativa para favorecer la comunicación interhumana, sino algo superfluo, una de las muchas posibilidades que ofrecía un cerebro de gran tamaño, necesario para sobrevivir y para hacer posible, entre otras cosas, toda la multiplicidad de emociones que nos permite leer el mundo de una forma eficaz y tomar decisiones óptimas. Quizá el lenguaje fue al principio una herramienta solipsista para hablar con uno mismo y descifrar esos pensamientos condensados que son las emociones. La poesía o la simple conversación sobre lo humano y lo divino vendrían mucho después.

Foto: Las pechinas de la basílica de San Marco, en Venecia. HarshLight / Flickr